Partículas en suspensión

El polvo generado en todo el proceso de la fabricación de cemento es el contaminante más visible para el hombre. La agresividad de las partículas en suspensión es inversamente proporcional a su tamaño. Cuanto más pequeñas, más facilidad tienen para superar obstáculos y llegar a nuestros
pulmones. Joel Schwartz et al. (2002) indican que no existe un umbral mínimo de exposición a partículas finas para sentirnos seguros.
El Petcoke, tiene un alto contenido en azufre. Un estudio en China en 2002 (Mi T. et al.) encuentra casi cuatro veces más cantidad que en el carbón. Su combustión genera el Dioxido de azufre (SO2) que se transforma en el aire en ácido sulfúrico.

En ocasiones hasta el 20% de las partículas en suspensión están compuestas por gotas microscópicas de ácido sulfúrico, formando los llamados aerosoles ácidos. Desencadenan crisis asmáticas, enfisemas e insuficiencias respiratorias.
El daño que ocasionan las partículas finas en suspensión se hace más patente en los grupos más vulnerables: personas mayores, personas con problemas cardiacos (Schwartz, 1994), niños, afectando al normal desarrollo de los pulmones (Organización Mundial de la Salud), agravamiento de asma y bronquitis, especialmente en cardiópatas y diabéticos (Zanobetti & Schwartz, 2001) y de síntomas en enfermedad obstructiva crónica pulmonar (Brown et al., 2002). También se ha descrito un incremento de partos prematuros en embarazadas viviendo a menos de 2 Km. de una cementera(Yang, et al.).

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